por Marlene Wayar
Germán Menna nace en un país que, frente a 30.000 desapariciones forzadas, expresa interminablemente «Yo, Argentino», resumiendo en la expresión que no sabía nada, que no quiere saber nada, que no le interesa saber nada. Nace en un país donde los medios de prensa declaran: «Nosotros no sabíamos».
Sin embargo, en el país donde Menna nació hay también arte, y uno de sus artistas, León Ferrari, desenmascara la mentira. Demuestra que esa prensa no sólo sabía, sino que en su memoria material están inscritas innumerables de esas desapariciones, que son para la fecha los medios más leídos; ergo, hay un país que sí sabía. La prensa ha sido cómplice de la edición en tiempo real de la historia y su narrativa sobre los hechos. Entonces, ¿cómo construir memoria? Las empresas han sido cómplices, la iglesia ha sido cómplice, la sociedad ha sido cómplice. Las personas sí sabían. Hay una materialidad que es importante para dejar registro de lo que una sociedad debe asumir como una responsabilidad que no se puede adjudicar tan fácilmente a un chivo expiatorio. Una materialidad que debe ser construida, escondida, pasada por alto, dejada allí como al descuido, burlada, despreciada para que en otro momento pueda ser reconstruida e incluso imaginada en todo lo perdido. Rayar las paredes del calabozo, dejar huellas digitales en un archivo, robarse una foto. El hallazgo de cierta materialidad abre muchas preguntas que deberán ser respondidas.
Ese país donde Menna nació se abre a la idea de que las travestis sean visibilizadas como parte de las víctimas de una dictadura feroz. ¿Se les está devolviendo el estatuto humano secuestrado? Una ley pensada para personas «…privadas de su libertad por causas políticas, gremiales o estudiantiles…» entre el 24 de marzo de 1976 y el 10 de diciembre de 1983. ¿Son las travestis personas políticas? ¿Sus actividades las agremian? ¿Estudian cómo ser travesti/prostituta? Parece ser esa la novedad. Parece también ser una novedad proveniente de la colonización. No son las travestis las humanas, sino más bien las mujeres trans. Lo trans y todo se ha corrido. ¿Es la identidad una causa política? ¿Es político correr a las personas y su identidad para darle entidad humana? En el país donde Germán nació, muchos cuerpos no son vistos, entendidos, comprendidos, invitados, escuchados, participados, respetados, sentidos, homenajeados… Los cuerpos se corren.
En el país donde Germán nació, las niñas travestis juegan en busca de construir su identidad también en la mirada ajena. Cada niña es un punto de una larga línea que sale a recorrer otras líneas, vestidas con las mismas sobreimpresiones de las tecnologías del género que ni siquiera pueden avizorar, pero lo hacen. Recorren un territorio confrontando la mirada externa y pueden regresar o terminar en otra línea: línea trunca.
En el país donde Germán nació, una niña no es niña, sino que responde a ciertos mandatos. Hay una línea recta entre poseer pene, ser niño y devenir hombre. Quizás por eso es que tarde, muy tarde, están entrando a la política de los géneros y, en virtud de ello, a ser niñas. Cargan con más de medio siglo encima, pero son políticamente niñas.
En el país donde Germán nació, hay cuerpos legítimos y con memoria frágil. De la línea de la humanidad se amputan puntos si estos no son legítimos. Son puntos amputados que quedan a la deriva como estrellas en el cielo y se van haciendo línea si alguien las constela.
En el país donde Menna nació, los cuerpos legítimos otorgan derechos sin hacer mea culpa. En el país donde Germán nació, Menna piensa: ¿Cómo retratar a una sobreviviente? Buscándolas y pensando las resistencias. Esperar que una estrella nos lleve a otra hasta hacer de todas ellas una nueva constelación e inventar una nueva línea.
En el país donde Germán nació, un punto también fue un arma. La mirada es una línea, la voz insultante otra, el traslado una línea reiterada millones de veces a un punto más hasta llegar al punto de espera seguido de la pregunta en vano, manchar de tinta al punto, declarar el punto ilegítimo, mentir la acción supuesta del punto en cuestión y la cámara fotográfica quizás el punto anterior al depósito del punto en algún calabozo. Entre tantos puntos, ¿cuál será el punto final? Hay puntos que sobrevivieron y hoy vemos y hay puntos que no, y sus líneas vitales enteras desaparecidas.
En el país donde Germán nació, la herramienta de Menna, su cámara, fue el arma. ¿Cómo empuñarla ante una sobreviviente del arma en cuestión?
En el país donde Germán nació, no todas las personas invitan a recordar para legitimar otra historia. Es imperativo dejar en claro que la memoria es (aquí no me decido por fehaciente o verídica) verídica, a pesar de ser tildada de ilegítima, rota, torcida, quebrada, lacerada. Nadie pronuncia un «Lo siento». Nadie dice: «No debió ocurrir». Nadie menciona: «Existía una ley que te protegía de esto». Nadie se pregunta: ¿Cómo se repararía esto?
En este país donde Germán ve estrellas y las constela, no todos quienes sostienen una cámara están dispuestos a jugar hasta exorcizar el terror. Jugar implica desorganizar el cuerpo y volverlo a armar, buscar infinitas maneras de puntuar. El punto se traslada, rota sobre sí, vibra como solo ese punto sabe hacerlo, muta a protón, luego a fotón, y se convierte en neutrón, en quarks, experimenta ser electrón y vuelve a sí. Y una vez intuido, se decide ir por el retrato. Serena, sonriendo, pícara, plena, alegre, completa, victoriosa, ¿travesti otra vez?…
En el país donde Menna nació, la falta de imaginación impide armar estas constelaciones con estos puntos tan dispersos. Por eso, quizás reimaginar el pasado y constelar estas estrellas es vital, porque aún las travestis no son consideradas modelo de nada. Pero Germán imagina otro país y pone de sí. Y Menna convoca, arma y organiza para permitir que Germán conecte con esos cuerpos. Deja fantasear a los cuerpos, pensar que somos estrellas en una imprecisa constelación, otrora pueblo y quizás, con otras miradas, parte de un país siempre fugaz, siempre tenso, siempre añorando una mentira de sí.
En el país donde las sobrevivientes nacieron, aún existe mucha contradicción. Mientras algunas son escuetamente reparadas, otras niñas ingresan a la prostitución. En el país donde estas reparadas nacieron, hasta sus carreteras necesitan sus retratos, sus miradas de estrellas fulgurantes, modelos de resiliencia aunque no sepan muy bien qué otro camino tomar. Un país con estrellas al nivel de nuestras miradas, mirando (no sé si: observando) nuestro accionar.
En el país donde Germán Menna nació.