por Alejandra Collette Spinetti Núñez
Siempre que me enfrento a un texto en blanco para escribir sobre temas de nuestra comunidad, siento un gran desafío, responsabilidad y respeto ya que no son temas fáciles de trabajar, en especial sabiendo que muchas compañeras ya no están entre nosotres, pero siento un gran orgullo de poder hacerlo y con ello recordar cada instante de nuestra historia que no aparece en la historia oficial.
Lo digo en femenino porque la lucha por los derechos se inició siendo femenina, quizá un patriarcado a la inversa donde según mi hipótesis quienes nos construimos en el género femenino debido al género impuesto al nacer, masculino, se nos transmitió la cultura patriarcal donde el hombre tiene todo permitido y la mujer no, y esto haya hecho que de alguna manera el patriarcado se traicionó a sí mismo y nos dio a quienes nos construimos en el género femenino herramientas para luchar contra el mismo e hizo que las mujeres trans fuesen las que primero salieron a la calle a luchar por los derechos humanos, gritando somos personas merecemos nuestros derechos, también como agregado, la poca información de que existía la masculinidad trans.
Las travesti - trans fuimos más visibles desde décadas anteriores por tener que, obligatoriamente, dedicarnos al trabajo sexual y por lo tanto se nos veía en las esquinas, en los parques, en las zonas rojas, hasta que, en un momento, en Uruguay en el año 92, dijeron ¡basta! Nos encarcelaron, nos criminalizaron, nos empobrecieron, nos enfermaron, nos corrieron de todos los espacios que no fuese la noche, porque parafraseando a Rita Segato, traicionamos la jauría, y en esas noches fuimos las reinas del capitalista consumidor que nos pagaba para dar placer a sus deseos sexuales más secretos y que después nos desechaba, nos violentaba, nos asesinaba y esas reinas terminábamos en una tumba con nombres masculinos, solo con el reconocimiento de sus compañeras de trabajo.
Hablar de la memoria es reconocer a aquellas compañeras que tuvieron el valor de siliconarse, entacarse y salir a la calle, con frío, lluvia, calor, viento, a riesgo de ser encarceladas y sufrir todas las violencias que la cis - heteronorma - blanca - colonialista - imperialista de la institución policial y/o militar se le antojaba. Estar presa significaba la obligatoriedad de servir sexualmente y de la forma que quisieran a quienes en ese momento tenían el poder y hacían abuso de la desigualdad a través de las violencias psicológicas, físicas, económicas y sexuales entre otras, que han dejado marcas brutales en aquellas pocas sobrevivientes históricas. Estas «instituciones de secuestro» al decir de Foucault, dejaron y dejan marcas, en quienes la vivieron y en toda nuestra comunidad que tiene una deuda histórica con ellas.
Quizá de todas ellas solo tenemos un mínimo porcentaje de nombres y registros, quizá tengamos de las que llegaban a las capitales de nuestros países, pero no de aquellas que debieron quedarse en sus ciudades y pueblos viviendo igualmente las violencias de las sociedades burguesas, pseudo religiosas, caudillistas y es por eso que aún tenemos muchas anónimas que no podemos, no debemos olvidar.
Hoy muchas de ellas debido a toda esa violencia, la automedicación, las operaciones clandestinas, las inyecciones de silicona, ya no están y las que quedan están en situación de extrema vulnerabilidad tanto en salud, vivienda como pobreza. Es de ellas de quienes debemos tener memoria.
La lucha trans y más aún la lucha LGTBQI+ no nace con cada une de nosotres, tiene una historia, en cada país tenemos una Sylvia Rivera y una Marsha P. Johnson, esa historia cada militante, activista por los derechos LGTBQI+ tiene la obligación de conocerla, contarla y tenerla siempre presente y en este proyecto esa historia es la que Germán desea rescatar para que no las olvidemos, para que no vuelvan a morir en la memoria de la comunidad, para entender que si ellas corrieron nosotres podemos caminar y las próximas generaciones trans podrán descansar en la tranquilidad de gozar sus DDHH.
Muchas de nuestras compañeras trans y quizá compañeros trans aún sin exteriorizar su género auto - percibido, fueron también víctima de las dictaduras militares de nuestros países y hoy les tenemos muertas o desaparecidas, tristemente no tenemos registro de eso, al menos en Uruguay, salvo los relatos de las sobrevivientes, porque no había ningún derecho reconocido menos identidad de género, y aun menos para los gobiernos fascistas militares, por lo cual nos será muy difícil encontrar la verdad de compañeras y compañeros trans desaparecida/os y/o asesinada/os por el terrorismo de Estado, nunca sabremos la verdad y por lo tanto no podrá haber justicia para elles.
Esta muestra, este libro, busca rescatar esas personas, esa memoria, a través de los rostros, manos, pies, relatos de las que con mucho dolor, miedo y resiliencia lograron sobrevivir, y en cada uno de estos retratos, en cada uno de esos ojos estamos todas y todos, las y los que no están, las y los que estamos y las y los que estarán.