por Cora Gamarnik
Nos miran. Sus miradas son inquietas, seductoras, tristes, inquisidoras, pícaras, sensibles. Expresiones fugaces que quedan sostenidas en el tiempo. Rostros de mujeres travestis-trans que sobrevivieron y allí están, mirándonos de frente, con ternura desafiante.
Germán Menna las observó con una distancia próxima, logró un espacio de intimidad, les sostuvo la mirada, se tomó el tiempo necesario para que ellas se sientan cómodas, para lograr la confianza y la complicidad. Atravesó la superficie de una relación fugaz entre fotógrafo y fotografiadas y se tomó el tiempo necesario. No solo para crear fotografías sino documentos de identidad.
Roland Barthes escribió un texto llamado «Directo a los ojos» en el que señala: «La ciencia interpreta la mirada de tres maneras (combinables): en términos de información (la mirada informa), en términos de relación (las miradas se intercambian), en términos de posesión (mediante la mirada, toco, alcanzo, atrapo, soy atrapado); tres funciones: óptica, lingüística, háptica. Pero la mirada siempre busca: algo, a alguien. Es un signo inquieto: singular dinámica para un signo; su fuerza lo desborda». Los retratos de Marcela, Noly, Vanesa, Carolina, Kati, Laly, Nadia, Jorgelina, Betiana, Bibiana, Sofía, Cinthia, Yanina, Mónica y Mariana cumplen las tres maneras de mirar de las que habla el texto.
Nos informan, nos dicen a qué colectivo pertenecen, nos dan una definición de identidad, nos hablan de sus cicatrices. Sus miradas también nos tocan, nos alcanzan, nos llegan, nos rozan y al mismo tiempo nos buscan, nos piden que hagamos algo con tanta injusticia, con tanta humillación sufrida. La fuerza colectiva de los retratos desborda las individualidades.
Germán logra el gesto difícil y buscado de la mirada directa a la cámara. Y en otro tiempo y lugar, nosotrxs las vemos y aunque no las conozcamos empezamos a saber algo de ellas. Las fotografías de gran tamaño muestran también sus peinados, sus adornos, la ropa que eligieron ponerse. Lucen su elegancia, disfrutan el reconocimiento. Sus rostros son paisajes, geografías irregulares que muestra el paso del tiempo y de la luz sobre la piel. Retratos de medio cuerpo, en blanco y negro con luz natural. Las vemos sonreír y resistir. Vivir y sobrevivir. El colectivo travesti trans en nuestro país, y específicamente en la provincia de Santa Fe, sufrió todo tipo de maltratos, vejámenes, detenciones, cárcel, incomprensión, abandono y discriminación. Ellas son sobrevivientes. En las fotos no hay victimización sino orgullo, mujeres esperanzadoras, alegres, sensuales, irreverentes. Mujeres que se exponen con vulnerabilidad y belleza, con humanidad y ternura, con dignidad y picardía.
Ofrecer un retrato es colocarse en pose, es exhibirse a la mirada del otrx, medir los gestos, actuar y ser natural al mismo tiempo. Los retratos están ahí para decir que ellas existen. Como un gesto reparador del arte, una práctica de activismo político que reivindica sus derechos, que exige ciudadanía plena y poder circular por espacios de legitimidad social.
Este libro les da un nuevo sentido a sus resistencias. Las narra, las hace permanecer en el tiempo, las vuelve transmisibles. Las fotos liberan lo mudo de sus experiencias y nos permiten verlas de otra manera.
Ya no a partir de destinos marcados sino con el débil trazo que imprime la sensibilidad del fotógrafo.
No cabe duda que encontró el modo. Germán se pregunta ¿cómo retratar a una sobreviviente?
Bibliografía
Roland Barthes, «Directo a los ojos», en Lo obvio y lo obtuso, Barcelona, 1986.